
En casa.
A veces pienso que a Carlos no le gustaría en lo que se ha convertido el blog. Ya no habla de optimismo. Ya no habla de lucha. Ahora aparezco yo, con mis pequeños gritos de dolor y deseando mandarlo todo al carajo, y me da la sensación de que lo estoy echando a perder. ¿Quién aguantará esto tanto tiempo?… Éste era el blog de Carlos y lo que ocurre es que me niego a cerrarlo, me niego a dejar de entrar en él porque es como si siguiera dejando viva una parte suya, no sé como explicarlo… Necesito seguir entrando aquí, aunque a veces me de la sensación de que lo estoy estropeando.
Hoy ha sido mi último día de trabajo. Mañana ya estoy de vacaciones hasta el día 20. Y todo se me hace un poco cuesta arriba… Esto no era lo planeado.
He decidido irme a Lanzarote a ver a Rosi, mi cuñada, mi hermana. Acaba de tener a Eva y ha estado allí estas semanas sola, con todo lo que ha tenido que pasar mi pobre... Y seguro que ha sido duro. Me apetece verla, mucho, y conocer a nuestra nueva sobrina Eva. Recuerdo que la única vez que estuve allí fueron días antes de que naciera Paula, su primera hija, y fui con Carlos. Otra isla que conocimos juntos. Lo pasamos tan bien, porque es un sitio muy tranquilo y precioso, además de que era el primer viaje que él hacía desde su primer trasplante. Espero entretenerme con las enanas y no pensar demasiado, aunque eso es inevitable.
Los días pasan, uno tras otro, sin piedad. Y es como si cada vez se hiciera más palpable la ausencia de Carlos…
Gracias por estar ahí, a todos. Es cierto que nuestro capitán supo buscar una buena tripulación, capaces de remar como nadie. Es un gran alivio…
Te quiero mucho, mi vida, tanto que casi no puedo respirar. Te quiero, siempre…