
En casa.
Parece que ha pasado un mundo desde la última vez que escribí en el blog. Me siento como si hiciera muchísimo tiempo que no quiero escarbar en mis sentimientos para contároslos. Es raro, porque es como si hubieran pasado meses en los que he estado escondida y de repente debo salir de nuevo. Me incomoda, me angustia, me hace sentir extraña, aunque a la vez me hace forzarme y se supone que eso es bueno...
Este fin de semana ha sido demasiado duro. Creo que se juntaron muchas cosas y lo único que deseaba hacer era evadirme de mi vida, escapar, pedirle a alguien que me sustituyera para poder dejar de ser yo. El viernes, después de la boda de mis amigos Alberto y Nayra me negué a volver a casa. Es raro, verdad? Sólo quería acurrucarme y olvidar. Dejar de sentir, me encantaría dejar de pensar aunque solo sean cinco minutos, sólo eso. Porque he de confesaros que aunque lo intento, aunque pretendo disimularlo, no estoy bien. Estoy a kilómetros luz de estar bien. A veces incluso me pregunto si me viene bien el forzarme en hablar de esto, aunque sea con vosotros. Estoy tan perdida...
Te quiero, mi vida. Todavía me llevo el teléfono al cuarto por las noches pensando que vas a llamarme. Te quiero con locura, mi amor, te quiero siempre...