
En casa.
Hoy me han extraído nueve óvulos. El siguiente paso es fecundarlos con el esperma de Carlos y esperar que todos ellos tiren para delante. Mañana debo llamar para saber cuantos han ido bien y cuando me los transfieren. No creo que tarden mucho. Con suerte el sábado o el domingo me meterán dos cigotos. Y ahí empezará el milagro. Y ahí debemos cruzar todos los dedos y esperar con el mayor entusiasmo que todo vaya bien. La cosa ya está hecha. Esto empezó ya.
Hoy estoy algo dolorida. Pero por primera vez el dolor es físico, es decir, superable. Estos días me tocará estar en casa, en reposo y tranquila. Todos me dicen que intente no estar nerviosa y procure no pensar demasiado. Pero eso es imposible... Pienso en mis futuros enanos, porque pienso en dos. Pienso en quedarme embarazada, en tener un hijo de mi marido, pienso en Carlos, pienso mucho en Carlos e intento no hacerlo porque sin poder evitarlo me pongo a llorar... Es triste que una embarazada llore, no?
Hace mucho que no escribo, lo que no quiere decir que no os lea. Sencillamente es que no sé que decir. De repente es como si me hubiera quedado muda y no supiera de qué hablar. Todo es tan mecánico.. Además ahora estoy metida en esto. Me he centrado tanto en este sueño que todo lo demás lo mantengo algo alejado. No sé, es raro...
Pienso en mis futuros hijos. Dicen que debo visualizarlo para que todo salga mejor. Y pienso en dos niños. Dos niños preciosos, iguales a su padre, felices y creciendo dentro de mí. Lo veo tan claro como cuando supe desde el primer día que vi a Carlos que me casaría con él. Deseo con todas mis fuerzas poder daros buenas noticias pronto. Mientras tanto lo siento, debemos tener paciencia, aguantar un poquito y remar con ánimo para que todo salga bien, así que ya saben, os quiero a todos con los dedos cruzados, de acuerdo?
Carlos, mi vida, mi amor, te quiero cada día más que nunca. Ojalá nuestro sueño se cumpla. Te quiero tanto que duele... Te adoro mi amor, te quiero, siempre...