
En casa.
Hay personas que están hechas de otra forma, de otro material. Hay personas que, ante momentos muy difíciles, se crecen, se superan, se refuerzan. No sé de donde lo sacan. Ese chip que de repente se enciende y hace que todo deje de tener el sentido que tiene e intenten cambiarlo de forma. Hay personas fuertes… Carlos era uno de ellos y me impresiona ver que mis suegros también son así, de algún sitio debió sacarlo su hijo, no?
Día tras día me levanto e intento parar un momento para clasificar mis ideas. Me digo: “En esto sí pienso o en esto no”. Y si las cosas se ponen demasiado difíciles, me levanto de la cama y cambio de escenario. Así huyo de mi realidad. Hemos pasado estos últimos años sometidos a mucho estrés. Intentando controlar nuestros pensamientos para que nuestros días no se hicieran muy difíciles. Y cuando digo hemos me refiero a las cuatro personas que hemos sufrido esto sin descanso: Carlos, mis suegros y yo.
Cómo superamos ahora algo así, yo no lo sé. Pero les miro a ellos y veo esa fuerza, esas ganas de tirar hacia delante a pesar de no gustarles nada lo que le mundo les presenta. Veo en ellos esa mirada de Carlos de desafío, de tragar miedos, de parecer que todo está bien, de deseo para que al menos puedan mantenerse en pie. De ser conscientes de que lo único que importa es eso, que a pesar de todo, aunque la cosa esté muy negra, pueden seguir hacia delante. Es admirable… Porque les cuesta, les cuesta cada día y sobre todo les duele, les duele hasta lo más profundo de sus entrañas, pero ahí están. Son tan fuertes…
Hoy hace un mes que murió Carlos. Cómo me cuesta pensarlo!!! Pero yo sólo sé cambiar de escenario para que mis ideas no me hagan tanto daño. Estoy tan rota por dentro…
Anoche fue el concierto de Macaco aquí en Santa Cruz y el cantante se lo dedicó a un chico muy especial llamado Carlos al que todo el mundo conocía por Sapo. Fue un detalle. Le habría encantado.
Te quiero con locura mi vida. Ahora más que nunca te quiero tanto que hasta me duele. Te quiero siempre…









