
En el hospital
1.900 leucocitos, 19.000 plaquetas y 8,9 de hemoglobina.
Han pasado sin duda los peores días desde que recaí, aunque seguro que los habrá más complicados. Uno de los medicamentos de la quimioterapia, llamado vincristina, tiene cierta querencia por detener la movilidad del intestino y en mi caso lo hizo completamente. A esa conclusión se llegó después de más de un dolor de tripa, vómitos, ya que no toleraba nada porque mi intestino estaba completamente lleno de gas y heces (principalmente gas como veréis más adelante), alguna que otra radiografía y varias horas de retortijones. El caso es que para paliarlo, me vi sumido en un corolario de pruebas de lo más desagradables e incómodas, como enemas, sondas por todos mis orificios que trataban de evacuar el gas retenido, etc. Un medicamento que favorece la motilidad intestinal ha ido consiguiendo que poco a poco se vaya moviendo todo de nuevo, dando lugar a situaciones como las que os voy a relatar.
Tras pensar largo rato en si debía convertir mi post de hoy en algo escatológico o por el contrario obviar determinados detalles de lo que me ha acontecido en las últimas horas, me he decantado por lanzarme al abismo esperando encarecidamente no perturbar por ello a mis queridos lectores. Otra de las dudas que me han asaltado es si debía sumergirme en eufemismos del tipo, meteorismo, ventosidad, o gases para referirme a lo que llevo haciendo de manera constante desde hace horas para descargar mi presión intestinal, que no es otra que tirarme pedos. Como veréis, resolví mi duda renunciando al eufemismo, ya que “pedo”, tan singular palabro, viene recogido en nuestro Diccionario de la Real Academia y tiene una sonoridad y una claridad que venían muy bien a mi relato. Palabras como “pedorreta” o la más aún espectacular ”pedorrero”, vienen recogidas también en el DRAE, y ésta última se refiere a “aquel que frecuentemente y sin reparo alguno, expulsa ventosidades del vientre”. Eso y no otra cosa, es lo que vengo haciendo últimamente, y añadiría algo más, no sólo sin reparo, sino sin piedad, porque ni que decir tiene que me ha sido absolutamente indiferente quién se encontrara junto a mi a la hora de realizar tan censurable acción. Os aseguro que los ha habido de todo tipo, pedos silenciosos, pedos sibilantes, pedos tronadores, pedos burbujeantes y espesos, y como no, el siempre tan temido pero fiel a su cita pedo con sorpresa. Este último, como os podéis imaginar, ocasionando ciertos trastornos que convertían el alivio de expulsar el pedo en un auténtico engorro. Pero bueno, tampoco quiero recrearme hasta el infinito en este suceso para no pecar de ofensivo y os reitero que en mi ánimo sólo está como siempre, compartir mis experiencias en los días de enfermedad.
Evidentemente, estos episodios, compartidos con visitas y personal auxiliar del hospital, han dado lugar a situaciones de lo más diversas y divertidas, como evacuaciones en masa, situaciones de pánico y auténticos ataques de risa que han conseguido hacer más llevadero al menos los últimos días.
Riamos ante la adversidad y derrotemos al miedo, pronto, y mucho antes de lo que parece a tenor del ritmo de mis evacuaciones, regresaré a casa. Ese es el objetivo.